Soberanía Divina:
¿Dios es Soberano o Yo Soy Libre?

(Originalmente escrito en inglés. Traducido al español por Carolina Yazigi Waissbluth)

La soberanía ABSOLUTA se basa en la verdad bíblica de que Dios es el Rey de todo. Sin embargo, a diferencia de los reyes humanos, la soberanía de Dios no tiene límites: el universo completo depende enteramente de él. La teología reformada ha enfatizado la soberanía de Dios en al menos tres formas: creación, providencia y gracia.

En primer lugar. Dios es el creador soberano de todas las cosas. Como el gran Rey, simplemente ordenó que el universo existiera de la nada (Ge 1:1-3). Todas las cosas llegaron a existir solo a través de la completa dependencia de su poder creativo. Dios también demostró su soberanía en la creación, al moldear y ordenar el universo como deseaba hasta que le agradara (Ge 1:4,10,12,18,21,25,31).
En segundo lugar, Dios sigue gobernando todas las cosas y hace con ellas lo que le plazca en su control providencial de la historia. La visión de Dios en el trono aparece a lo largo de las Escrituras (1Ki 22:19; Isa 6:1; Eze 1:26; Da 7:9; Rev 4:2; cf. Sal 11:4;45:6;47:8-9; Heb 12:2; Ap 3:21), y continuamente se nos dice en términos explícitos que el Señor (Yahvé) reina como rey, ejerciendo dominio sobre cosas grandes y pequeñas por igual (Ex 15:18; Sal 47:1-9; 93: 1-5; 96:10; 97:1-12; 99:1-5; 146:10: Pr 16:33; 21:1: Isa 24:23; 52:7; Da 4:34-35; 5:21-28; 6:26; Mt 10:29-31). El dominio de Dios sobre la historia es total: ejecuta todo lo que decreta, y nadie puede detener su mano o frustrar su plan eterno.

Tercero, Dios también es soberano en la salvación. Muchas tradiciones cristianas afirman la soberanía general de Dios sobre la naturaleza, pero sostienen que la salvación no es del todo una prerrogativa divina de la que dependemos completamente. Sin embargo, las Escrituras enseñan que Dios salva libremente a quienes ama, según su criterio (Ex 33:19; Ro 9:15). De esta manera, los seres humanos son, sin excepción, completamente dependientes de Dios para la salvación. De principio a fin, la salvación es un don que surge de la gracia de Dios (Dt 7: 7ff; Ef 2:8-9). Inicialmente, no podemos llegar a Cristo a menos que se nos conceda la capacidad (Jn 6:44,65), ni podemos continuar en la fe por nuestro propio esfuerzo humano (Gálatas 3:3-6). Además, no tenemos poder para levantarnos y recibir la salvación en el día del juicio; el poder de Dios nos levanta en Cristo (Ef 2:4-7). Sin duda, la gracia de Dios en nuestras vidas tiene el efecto de la santidad y la obediencia. Sin embargo, no contribuimos de ninguna manera a nuestra salvación (Filipenses 2:12-13). Esta es la maravilla de la gracia soberana.

Que Dios sea soberano en todos estos aspectos no niega la realidad de la dignidad y elección humanas. Las Escrituras son claras en que somos seres morales, que somos responsables ante Dios por lo que hacemos y no hacemos (Dt 7:9-10). Somos agentes libres (vea el artículo teológico "La libertad y la esclavitud de la voluntad" en Jos 24), cuyas elecciones tienen efectos significativos en la historia.
Quizás está demás señalar que Dios es absolutamente soberano al mismo tiempo que los seres humanos son agentes responsables y libres, algo que traspasa nuestra capacidad mental de entendimiento. Normalmente, vinculamos la responsabilidad moral con la capacidad de actuar independientemente del control, pero en la perspectiva bíblica estamos tanto bajo el control de Dios como somos moralmente responsables. Es un misterio maravilloso que nuestro Dios soberano nos creó no como títeres sino como criaturas morales, pero a menudo este es un concepto difícil de aceptar para los cristianos. El mismo Pablo anticipó una objeción a la enseñanza de la gracia soberana de Dios que todavía es popular hoy en día: "¿Entonces por qué Dios todavía nos culpa? ¿Por quién se resiste a su voluntad?" (Ro 9:19). Sin embargo, es importante recordar que es precisamente porque Dios es absolutamente soberano que puede determinar las responsabilidades que tenemos. Es porque él tiene el control que puede ser nuestro juez. 

Extraído de La Biblia de estudio del Espíritu de la Reforma, Copyright 2003, The Zondervan Corporation, página 957

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